Blog de Borja Fdez. Burgueño

Blog especializado en derecho administrativo, derechos humanos, asilo y protección internacional.

Erasmus: University of Exeter

Universidad de Exeter

Con esta memoria presenté mi candidatura al Premio del Consejo Social de la Universidad Rey Juan Carlos al Mejor Estudiante  de Intercambio Internacional 2013-2014. El año anterior ya había obtenido dicho premio por mi rendimiento académico en la Universidad de Quebec en Montreal (2012-2013)

Introducción

Esta memoria cierra un capítulo más de mi formación académica y humana en el extranjero de la mano de la URJC. Gracias al apoyo de la Universidad he podido: trabajar en Camboya en la ONG Pour un Sourire d’Enfant con la ayuda del ‘Vicerrectorado de Relaciones Internacionales, Institutos, Centros Universitarios, Política de Orientación, Empleo y Cooperación al Desarrollo’  de la Universidad Rey Juan Carlos, que donó gran cantidad de material escolar y me apoyó con los gastos financieros del viaje; visitar el Parlamento Europeo en Bruselas con la asociación de estudiantes WakeUp! URJC; conocer de primera mano la oficina Europea de Patentes en la Haya, gracias al profesor de derecho Bruno Aguilera; estudiar derecho francés durante quince días en París en la Universidad Créteil Paris XII junto con el grupo de Derecho Hispano-Francés de la URJC; entender la fuerte relación que existe entre la Unión Europea y los Derechos Humanos en la isla paradisíaca de Cerdeña, Italia, en la universidad de Cagliari, gracias a la beca “Erasmus Summer School: Europe, Regions and Human Rights”; estudiar un año en Montreal, Canadá, en la universidad UQÁM (Université du Québec à Montréal); y, finalmente, estudiar y trabajar durante un año en Inglaterra en la universidad de Exeter.

La vuelta al Mundo con  la Universidad Rey Juan Carlos1
Este mapa muestra los viajes que he podido realizar con programas de la URJC.

Soñando con un Mundo mejor: Principales motivaciones que me han llevado a solicitar el intercambio.
Durante el primer año de carrera descubrí algo que cambió mi vida. Me di cuenta que tener un millón de euros no tiene ningún valor si ochocientos cuarenta y dos millones de personas en el mundo no tienen comida suficiente, uno de cada cuatro niños en el mundo tiene problemas de crecimiento causados por malnutrición y más de tres millones de niños menores de cinco años mueren de hambre cada año.Cuando era pequeño y me preguntaban qué quería ser de mayor siempre respondía que quería ser futbolista, mago o, incluso, ¡un mago futbolista, como Zinedine Zidane! Unos años más tarde, vendí mis verdaderos sueños por algo mucho más ¿realista? Quería ser millonario. No me importaba cómo llegar a mi meta, lo que de verdad contaba era el resultado. Empecé a diseñar un plan maestro para sumar mis idolatrados siete dígitos a mi cuenta. La primera etapa de mi plan era estudiar un doble grado de Derecho y Administración y Dirección de Empresas. Me matriculé en la Universidad Rey Juan Carlos.

            Por entonces vivía en la “burbuja” del barrio de Chamartín, aislado de cualquier atisbo de pobreza. Además, antes de comenzar la universidad había estado estudiado en los Jesuitas, un colegio concertado en el que gran parte de los alumnos vienen de familias sin ningún tipo de problema financiero. Una tarde, paseando errante por Plaza Castilla acabé en la Ventilla, un barrio en el noreste de Madrid con una alta población de inmigrantes y familias con graves problemas financieros. Al día siguiente me acerqué a Pueblos Unidos, una ONG local, y me ofrecí como voluntario. Desde entonces he acumulado un total de 740 horas de voluntariado en la Ventilla. En el verano de 2012 viaje a Camboya con la ayuda de la URJC y trabajé con niños que trabajan y viven en los basureros de Phnom Penh. Un viaje que reorientó drásticamente mi vida. Abandoné mi sueño capitalista por un sueño mucho más humano: hacer de este mundo un lugar mejor en el que vivir. Lo que me faltaba entonces era una nueva estrategia para conseguir mi nueva meta. Diseñé un nuevo plan. El primer paso era, y sigue siendo, formarme.

            Con una meta tan ambiciosa necesitaba la mejor formación tanto académica como humana que la universidad me pudiese dar. Los acuerdos internacionales de la URJC me parecieron la oportunidad perfecta para poder desarrollar un conocimiento profundo de un mundo injusto, pero con un potencial extraordinario. Me embarqué en un viaje alrededor del mundo con la URJC (a la que estoy enormemente agradecido por haberme ofrecido esta oportunidad). Gracias a los programas de la universidad he podido viajar a Camboya, Bélgica, Los Países Bajos, Francia, Italia, Canadá  e Inglaterra. Ninguno de estos viajes se puede entender como episodios aislados sino como etapas de un solo camino hacia un claro objetivo.

            La injusticia del reparto desigual de recursos no es un hecho que tengamos o debamos aceptar como única alternativa. Contamos con suficientes recursos naturales y con la tecnología adecuada para, al menos, prevenir que uno de cada tres niños en países en vías de desarrollo tenga graves problemas de nutrición. Lo que nos falta es voluntad. Paliar el hambre o asegurarse de que las necesidades más básicas de todo el mundo están cubiertas no es una meta inalcanzable, a pesar de que mucha gente se empeñe en verlo así. Sin  embargo, sí que es una meta difícil y con una solución compleja, partiendo de la realidad socio-política actual que no se puede ignorar.

            Teniendo en cuenta la complejidad del problema, el primer paso no podría ser otro que una formación lo más completa posible en las mejores instituciones y universidades a mi alcance. Me decanté por la universidad de Exeter porque, el año en el que tenía que decidir mi destino Erasmus, Exeter había sido elegida como la mejor universidad del año 2012-2013 por el Sunday Times y formaba desde hacía años parte del Russel Group (mismo grupo de universidades en el que están Oxford, Cambridge y The London School of Economics). Sabía que el nivel de exigencia académica iba a ser muy alto, pero estaba dispuesto a asumir el reto. Así mismo, en lugar de irme de intercambio con la carrera de empresariales, que hubiese sido más fácil de estudiar en inglés (mi tercera lengua después del francés), decidí llevarme la carrera de Derecho porque, a pesar de que suponía un mayor desafío, me ofrecía una magnífica oportunidad de mejorar rápidamente mi nivel de inglés jurídico.

            De esta forma, el día 15 de Septiembre de 2014 llegué al Reino Unido para comenzar una nueva aventura.

Descubriendo Inglaterra: Enriquecimiento personal, cultural y lingüístico de la experiencia

Además de hablar diariamente con mis amigos ingleses y asistir a las clases de derecho en Exeter, me apunté a otras dos asignaturas extracurriculares más para mejorar mi inglés: “Reading and Writing for Academic Purposes” y “Listening and Speaking for Academic Purposes”. Sin embargo, lo que más me  ha ayudado a mejorar mi inglés académico han sido las largas horas de estudio e investigación jurídica que he pasado en la biblioteca junto con uno de mis compañeros de piso que también estudiaba Derecho. Estoy muy satisfecho con el nivel de inglés que he conseguido. De hecho, me publicaron un artículo de opinión jurídica en inglés en la revista Agora de comentario político de la universidad Trinity en Dublín, Irlanda, del que hablaré en la siguiente sección. Así mismo, también conseguí pasar unas entrevistas en inglés  para conseguir unas prácticas en Londres en un centro de atención a refugiados en Inglaterra perseguidos en sus países de origen y que están buscando asilo en el Reino Unido. Este año he estado viviendo en una de las residencias universitarias de la universidad de Exeter. Solicité un piso en el que no hubiese ni hispanohablantes ni francófonos para no caer en la tentación de hablar en francés o en español. La universidad me ofreció alojamiento en un piso de ocho estudiantes en el que todos, excepto yo, eran nativos de habla inglesa. No obstante, cada uno venía de una parte diferente del mundo. Mis compañeros de piso eran: una canadiense de Alberta, un inglés de Manchester, una inglesa de Devon, dos asiáticos de Singapur (uno de familia de raíces chinas y otro de familia de Malasia), un australiano con ascendencia de India y de Sri Lanka y una inglesa de Somerset. Al principio, tengo que reconocer, la comunicación era muy difícil a causa de los diferentes acentos y me costaba mucho entender las conversaciones durante las cenas. Sin embargo, al cabo de unas pocas semanas  ya me había acostumbrado y podía entender prácticamente todo. Vivir en un piso tan internacional ha sido una experiencia apasionante, no solo por el desafío lingüístico que suponía, sino también por la oportunidad de conocer personas de origen diferente y poder convivir con ellos.  Aunque ya había vivido con compañeros de piso extranjeros el año anterior, me ha resultado maravilloso poder vivir con asiáticos y poder conocer sus culturas, tan diferentes de la nuestra. Compartir un piso con ocho compañeros ha sido una experiencia inolvidable porque he podido conocer a cada uno de ellos de forma individual y crear una vinculo de amistad muy fuerte con todos ellos por separado y como grupo.

            En cuanto a mi enriquecimiento cultural, he podido disfrutar de muchas facetas diferentes de Inglaterra. Viviendo en Exeter, la capital de Devon, he visitado gran parte del sudoeste de Inglaterra (Somerset, Cornwall, Taunton, Totnes, Sidmouth, Darmouth, Dartmoor, Dawlish, Exmouth), Londres, Oxford y Cardiff (Gales) gracias a diferentes ofertas de bus y tren que ofrecían las compañías de transporte a los estudiantes. Así mismo, en Navidad visité durante una semana a una de mis compañeras de piso y pude ver de primera mano cómo es una familia inglesa.

            Me gustaría destacar los dos viajes que hice a Londres durante mi estancia en Exeter. Londres es una cuidad preciosa y muy viva. La primera vez que visité Londres fue con motivo una invitación para asistir al Día Internacional de Singapur, que este año ha realizad en la capital inglesa. Fue una experiencia muy enriquecedora ya que pude descubrir de la mano de mis amigos asiáticos la cultura y comida singapurense. Durante mi segundo viaje a Londres me alojé en casa de un antiguo amigo del colegio que estaba estudiando en Westminster y tuve la oportunidad de visitar durante una semana los diferentes museos londinenses (British Museum, National Gallery, National Portrait Gallery, Tate Britan, Tate Modern, Natural History Museum, Science Museum y el Victoria and Albert museum) y atracciones turísticas como London Bridge, Tower of London, St Paul Cathedral, Westminster, Westminster Abey o Buckingham Palace, entre otros. Tuve mucha suerte porque durante  la semana que estuve en Londres había una exposición temporal de Van Gogh  y habían puesto en la misma sala los cuadros de girasoles del Museo Van Gogh de Ámsterdam, el de Nueva York y el de Londres.

            Exeter es uno de los mejores sitios para apreciar la cultura inglesa popular en todo su esplendor. J.K Rowling estudió en la universidad de Exeter y sus novelas de Harry Potter están ambientadas en muchos de los rincones de la ciudad y de la universidad. Por ejemplo, el supuesto Callejón Diagón está en una calle llamada Gandhi Street, en Exeter. Thomas Edward (Thom) Yorke, cantante de Radiohead, también estudió en Exeter y se dice que escribió su famosa canción Thinking about you en uno de los baños de la universidad. Igualmente, el hotel de Burgh Island, lugar donde la escritora británica Agatha Christie ambientó sus novelas y posteriores películas “Diez Negritos” y  “Maldad bajo el Sol”, está a pocos kilómetros de Exeter. La universidad de Exeter no es solo un lugar de gran relevancia cultural sino también es un centro de enorme importancia política en la que han estudiado, entre otros, la Infanta Elena, el sultán Bin Mohamed Al-Qasimi de los Emiratos Árabes y Peter Phillips y Sara Phillips, los nietos primogénitos de la actual reina de Inglaterra Isabel II.

             Aparte de ser lugar de referencia para muchos de los grandes personajes de la cultura británica, Exeter cuenta con unas instalaciones deportivas excelentes en las que he podido ver y practicar deportes tan británicos como el Cricket,  el Lacrosse o el Rugby. Además, he  podido disfrutar de primera mano del deporte de alta competición ya que uno de mis compañeros de  piso era tenista de alto rendimiento becado por la universidad.

Una formación legal que abre la puerta al ámbito Internacional:

Enriquecimiento académico. Valor académico de la experiencia. Grado de internacionalización del contenido curricular de los estudios cursados, y cómo esto influye en el desarrollo de mi formación.

Mi estancia en Exeter ha sido, sin lugar a dudas, la experiencia académica más enriquecedora desde que comencé la carrera hace cinco años. El nivel de exigencia académica era altísimo. De hecho, estudiar Derecho en la Universidad de Exeter me supuso un desafío mucho mayor que estudiar Derecho francés en París, Administración de Empresas en Canadá o, incluso, estudiar una Doble licenciatura en España. No obstante, me enfrenté a este desafío con muchas ganas y obtuve los mejores resultados académicos de mi expediente curricular, aunque ya partía con una nota media global de 8.2 que ahora está por encima del 8.3. Acabé con una media de “Upper second-class Honours” que se tradujo en un 9,3 sobre 10 (Sobresaliente) y dos Matrículas de Honor. Además, en la asignatura de “Critical Issues in Human Dignity and Law”, en la que se otorgaba el máximo reconocimiento (equivalente a una Matrícula de Honor en España) a partir de 70 puntos, obtuve una puntación de 80, alcanzando la mejor puntación de mi clase – véase adjunto en el CD el trabajo de investigación materia de esta asignatura –

A principios de febrero de 2014, una gran amiga mía y ex-compañera de voluntariado en Camboya, actualmente alumna del Trinity College y titulada por la Universidad George Town, vino a visitarme a la universidad de Exeter y me habló de una publicación de análisis político que se edita anualmente en el Trinity College, la universidad irlandesa con mayor prestigio internacional, y me comentó que como alumno de Exeter podía participar en una convocatoria para la publicación de un artículo en la revista política Trinity Agora. Durante mi primer cuatrimestre en Exeter la asignatura que versaba sobre el Convenio Europeo de Derechos Humanos me apasionó y por eso decidí escribir un artículo estrechamente ligado con el contenido de esta materia sobre los efectos de la aplicación de la doctrina de interpretación de la Convención conocida como “the living instrument doctrine”. Titulé mi artículo: The European Court of Human Rights challenges democracy.            Los trabajos de investigación y disertaciones eran una de las formas más habituales de evaluar en la universidad. En estos trabajos teníamos que exponer una visión crítica sobre un tema dado utilizando, debidamente referenciadas, opiniones publicadas en artículos de revistas científicas de Derecho. La extensión de cada artículo variaba entre las veinte y cincuenta caras y su vocabulario y argumentos solían ser de una gran complejidad. Sin embargo, he realizado trabajos de un mínimo de 53 referencias académicas hasta un máximo de 101 (he adjuntado tres ejemplos de trabajos de investigación que realicé en los que en todos obtuve el máximo reconocimiento de “First Honours”). A pesar de las largas y tediosas horas de investigación y edición, estoy muy contento con la experiencia de haber realizados este tipo de trabajos porque  he aprendido a expresar mis opiniones de una forma crítica y analítica teniendo en cuenta los argumentos de otros expertos en Derecho.

            A principios de abril de 2014 recibí un correo del equipo de edición de la revista comunicándome que querían publicar mi artículo en la primera página de su edición impresa. Finalmente, a mediados de abril se publicó la edición y me mandaron por correo postal una copia de la revista (adjunto escaneado la página donde aparece mi artículo que firmo como alumno de Exeter).

            Aparte de la redacción de disertaciones, el otro pilar principal de la evaluación eran los exámenes escritos. Estos exámenes, a diferencia de las pruebas de evaluación en España o Canadá, no consistían en una mera prueba de conocimientos, sino que se trataban normalmente de una o dos preguntas en forma de enunciado que tenías que analizar y dar tu opinión basándote en los conocimientos adquiridos durante el curso. La ventaja de estos exámenes era que daban total libertad al alumno para expresar su punto de vista y organizar su argumentación de una forma u otra sin perjuicio de su puntación. A pesar de que estas pruebas me parecía al principio de una evaluación muy subjetiva, al final comprobé que este tipo de exámenes exigen un conocimiento muy profundo del temario y una mente suficientemente madura como para formar una opinión crítica, ya sea discrepante o no, del enunciado propuesto y justificar la respuesta de acuerdo con la jurisprudencia, las doctrinas jurídicas y la opinión de otros atores de índole académica. En estos exámenes a cada alumno se le concede un número aleatorio de identificación y se corrigen dos veces, una primera por el profesor y otra segunda por un corrector externo. Esto supone una dificultad añadida a los alumnos extranjeros (principalmente para aquellos que como yo el inglés es nuestra tercera lengua) ya que no teníamos ningún tipo de ventaja frente a los alumnos nativos ingleses y se hacen más palpables los problemas de pobreza léxica o repetición de estructuras gramaticales, que pueden reducir considerablemente la nota final. Esta necesidad de perfeccionar mi nivel de inglés para poder competir con mis compañeros de nacionalidad inglesa, se tradujo en una viva fuente de motivación para mejorar mis competencias lingüísticas anglosajonas.

            El otro sistema de evaluación consiste en un caso práctico de Derecho en el que el alumno tiene que aconsejar a una de las partes litigantes. Esta forma de contestar una pregunta legal me parece muy conveniente ya que la salida al mundo laboral más directa tras estudiar Derecho es la de abogado o la de asesor legal. La mayor dificultad de estas pruebas reside en el gran número de casos que hay que aprenderse de memoria, ya que el sistema legal anglosajón, a diferencia del europeo continental, es Common Law y encontrar un caso en el que los hechos sean parecidos es la clave de una buena argumentación jurídica. Actualmente estoy trabajando por las tardes como becario en prácticas del despacho de abogados Abanlex, gracias a un convenio entre este bufete y la Universidad Rey Juan Carlos (adjunto el contrato de prácticas). Las técnicas de resolución y análisis de casos prácticos que aprendí en la Universidad de Exeter me están resultando de gran ayuda a la hora de realizar la tareas que me piden en el despacho. Además, este bufete  de abogados tiene un concierto con la Comunidad de Madrid por el que se encargan de coordinar un vivero de empresas internacionales de nueva creación “Madrid International Lab”, lugar dónde me han destinado.

            En cuanto al grado internacionalización del contenido curricular de los estudios cursados, me gustaría destacar la asignatura anual de Derecho Internacional Público (obtuve una puntuación de 9.5). Nuestro profesor, Mr Michael Sanderson, había sido asesor legal de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y consiguió hacer que me apasionase el ámbito del Derecho Internacional, Nacional y Comunitario relativo a régimen legal de los refugiados. Durante el año abordamos el problema legal de los refugiados desde diferentes ángulos en los workshops (talleres semanales de cada asignatura en pequeños grupos de cinco a diez  alumnos) y clases magistrales. El tema me interesó tanto que, a mediados de abril de 2014, postulé para realizar una prácticas en una organización inglesa radicada en Londres (Asylum Seekers’ Refuge: The London Catholic Worker Farm) que trabaja con mujeres refugiadas en el Reino Unido que han tenido que huir de sus países de origen debido a un miedo fundado de ser perseguidas por razones de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social y/u opinión política. Tras pasar varias entrevistas por video conferencia, a finales de mayo me seleccionaron para integrarme en el equipo del 1 de julio al 2 de septiembre.

            La ONG londinense me ofreció alojamiento y manutención en su organización durante la extensión de las prácticas. El hecho de vivir, comer y trabajar con mujeres refugiadas ha sido una experiencia muy gratificante pero muy dura psicológicamente. Las mujeres a las que la organización acogía habían vivido pesadillas aterradoras en sus países. Entre sus pasados se encontraban episodios tan traumáticos como haber sido víctimas de esclavitud sexual y de formas inhumanas de tortura, amenazas de muerte, testigos de la muerte de sus padres, mutilaciones y encarcelamientos. Sin embargo, el hecho de ver a estas mujeres intentar salir adelante es una experiencia conmovedora. En la organización estuve viviendo con mujeres de India, Bangladesh, Sri Lanka, Paquistán, Etiopía, Eritrea, Turquía, Sudáfrica, Tanzania, Guinea, Uganda, Malawi y Mongolia. Y el equipo estaba compuesto por ingleses, americanos, australianos, suecos y españoles. No había vivido hasta el momento ninguna experiencia internacional de mayor enriquecimiento tanto personal y como profesional (adjunto carta de referencia del manager de la asociación, Mr Scott Albrech). Mi estancia en esta ONG es el ejemplo más claro de cómo el contenido curricular de los estudios cursados en Exeter, concretamente la asignatura de Derecho Internacional Público, ha influido en el desarrollo de mi formación académica y profesional.

Naciones Unidas, Debates, Camboya, Siria y mucho más: Grado de integración en la Universidad de destino,   participación en actividades académicas curriculares y extracurriculares: culturales, sociales, integración en grupos de interés, asociaciones de estudiantes…


El año anterior a mi llegada a Exeter quise entrar en el equipo de la Universidad de Quebec en Montreal (l’UQÀM) para participar en un modelo de Naciones Unidas  en Nueva York. Sin embargo, no pude asistir porque mi nivel de inglés, por aquel entonces, no era suficientemente bueno para debatir temas a alto nivel. Cuando llegué a la Universidad de Exeter tenía claro que mi objetivo iba a ser el de entrar en la asociación de Naciones Unidas de la Universidad EXMUN (Exeter Model United Nations Society). Durante la primera semana de universidad me inscribí en la asociación y, desde entonces, acudí religiosamente y participé activamente en todas las simulaciones semanales de la Asamblea General de Naciones Unidas que organizaba la universidad. Cada semana durante la simulación se trataba un tema de actualidad diferente y se asignaban, por adelantado, a cada participante un país cuyos intereses tenían que representar durante la Asamblea General.  Haber participado activamente en esta actividad me ha permitido darme cuenta de la complejidad de intereses que subyacen detrás de cada decisión a nivel internacional. Aunque como alumno de cuarto de Derecho ya conocía la estructura interna de los organismos internacionales, y en concreto de las Naciones Unidas, uno no se da cuenta de lo difícil que es aprobar una resolución vinculante en el ámbito internacional hasta que participa en una simulación como ésta y ve como fracasan propuestas de resoluciones sensatas y positivas debido a los intereses particulares de determinados países, problema que se acentúa con el derecho de veto de las cinco naciones permanentes en el Consejo de Seguridad, al que por cierto se incorporará España en el 2015 tras la votación realizada este mes de octubre.

Durante el segundo cuatrimestre me convertí en embajador de la ONG Pour un Sourire d’un Enfant en la universidad de Exeter para reclutar voluntarios para ir, como hice yo hace ya cuatro años, a Camboya durante el verano de 2014. La campaña de reclutamiento consistió en el reparto de folletos de la ONG (adjuntos en el CD), pega de carteles y pequeñas charlas de cinco minutos que tenían lugar al inicio de las clases con el permiso del profesor pertinente. Varios candidatos salieron de mi universidad y acudieron a las jornadas de entrevistas en Londres, a las que desgraciadamente no pude ir como entrevistador porque me coincidieron con la entrega de unos trabajos. De entre todos los candidatos, dos compañeros míos de Exeter (una chica de República Checa y un chico francés) consiguieron plaza para irse a Indochina.

               Aparte de ser miembro de la asociación de Naciones Unidas, acudí también a los debates semanales organizados por la “Debate Society”. Todos los viernes por la tarde se organizaba un debate en el que expertos invitados de diferentes materias discutían asuntos controvertidos de gran variedad temática como: la legalización del consumo de drogas, la legitimidad del estado palestino, la justificación científica de las creencias religiosas, la amenaza que supone Corea del Norte para los intereses occidentales, el gobierno de Margaret Thatcher o la moralidad de la modificación genética de embriones para prevenir enfermedades congénitas, entre otros muchos temas. Asistir a estos debates se convirtió en una afición que alcanzó un carácter casi adictivo, ya que mis compañeros de piso y yo teníamos la curiosa costumbre de apostar quién cocinaba la cena del viernes dependiendo quién acertase el resultado del debate (el público votaba a mano alzada antes y después del debate para determinar el resultado). Además de ser una actividad realmente entretenida me ha resultado de gran ayuda poder escuchar argumentos a favor y en contra de cada asunto para poder formar mi propia opinión, que habitualmente se encontraba en la dorada medianía (Horacio) entre los dos extremos.

                Una vez terminado el curso académico en Exeter, me inscribí a la escuela de verano de la universidad para participar en unos de los proyectos del programa “Exeter Grand Challenges” (ver diploma acreditativo adjunto en el CD). Este programa se dividía en distintos grupos de trabajo que, a su vez, se subdividían en micro-proyectos en equipo. Yo me inscribí en el grupo de Global Security en el micro-proyecto del conflicto Sirio. Mi grupo decidió redactar una carta abierta al Foreign Office del Reino Unido adjuntando una propuesta que abogaba por una reorientación de la posición británica en el conflicto sirio apoyándose en los escasos pero importantes intereses comunes que comparten el Reino Unido y la Liga Árabe en el conflicto (ver el “policy brief” adjunto). Curiosamente, unos meses más tarde, el Reino Unido y los Estados Unidos han cambiado su posición respecto al conflicto y están actuando junto con varios países de la Liga Árabe para impedir la expansión del régimen de tinte medieval conocido como Estado Islámico.

Internacionalización,  la clave para un exitoso futuro laboral: La internacionalización como un proceso para conseguir una mejor integración en el mercado laboral nacional, internacional y en la sociedad europea en su conjunto.

Desde el término de la Segunda Guerra Mundial el número de organismos internacionales y el grado de interdependencia de los países que forman parte de los mismos ha aumentado de forma muy considerable. La firma de la Carta de Naciones Unidas en 1945 ha dado lugar a un nuevo mundo en el que si aún no han desaparecido los conflictos sí que al menos se han temperado y se busca la solución diplomática como objetivo prioritario. Organismos como el FMI, el Banco Mundial, la OCDE o la Unión Europea toman decisiones que en muchos casos se anteponen a las nacionale
En este contexto, adentrarse en el mercado laboral ya no se limita a una empresa u organismo público (funcionarios), un lugar de residencia, un horario o un idioma, sino que basta repasar las secciones de anuncios de cualquier diario o medio online para darse cuenta de que se busca no sólo la excelencia en formación, sino movilidad, disponibilidad y conocimiento de uno o más idiomas, además del nativo. Y todo ello sin que la compensación económica esté a veces a la altura de las exigencias.

La reciente crisis de la deuda y de los mercados financieros han espoleado este proceso e incluso algunos países, como España, han modificado su Constitución para ajustarla a los dictados de estos organismos internacionales. La autarquía, el proteccionismo o las políticas de aislacionismo se han demostrado inútiles y hoy se buscan políticas creativas que compaginen los procesos de desarrollo nacionales con el inevitable avance de la globalización. En esta etapa de cooperación y también de conflicto interestatal el Derecho Internacional, antes relegado casi exclusivamente al mundo de las relaciones diplomáticas, cobra una nueva dimensión y ya se habla de un nuevo derecho internacional más abierto y orientado a la cooperación y al comercio que a la defensa de las fronteras.

            Por todo ello, considero imprescindible para los jóvenes de mi generación que en la medida de lo posible tengan no sólo una vocación sino una conciencia internacional, conscientes de que viven en un mundo que va más allá de sus fronteras, su casa o su lengua y en donde las oportunidades de trabajo o cooperación pueden surgir en lugares remotos o al menos fuera de su hábitat de confort.

            Como futuro jurista y conocedor también de los entresijos empresariales, y a su vez firme defensor de los Derechos Humanos, sueño con poder convertir mi vocación en mi profesión y soy consciente de que las fronteras y leyes nacionales ya no limitan el alcance jurídico de las acciones individuales.

            El sistema internacional de enjuiciamiento de personas que atentan gravemente contra los más básicos derechos humanos ha dado un giro copernicano y ya no se sustenta en los difusos pilares de los juicios de Núremberg o de Tokio, sino que ahora contamos con las bases del Estatuto de Roma (que dio paso a la Corte Penal Internacional), entre otros tratados internacionales de carácter vinculante sobre la materia.

            Así mismo, en Europa las personas ya no ven limitada la tutela judicial efectiva de sus Derechos Humanos fundamentales ante las instituciones y la legislación estatal gracias a la supremacía del Tribunal Europeo de Derechos Humanos  de Estrasburgo y del Tribunal Europeo de Justicia de Luxemburgo. Consecuentemente, todos aquellos que queremos enfocar nuestra carrera profesional en el ámbito de la protección de los Derechos Humanos necesitamos una buena formación internacional, ya que es un requisito primordial para entrar en este particular mercado laboral plagado de siglas de organismos y tribunales supranacionales.

            Para los europeos -los españoles entre ellos- la primacía del Derecho Comunitario de la UE  forma ya parte de nuestro acervo jurídico y ha pasado de versar sobre las materias más básicas que regulaban los principios fundacionales de libertad de comercio, personas y capitales, a regular prácticamente todo, desde las regulaciones macro-económicas más complejas de los mercados financieros a disposiciones tan concretas como la talla de las zanahorias o el color de los tomates. Eso por no extenderme en la cita sobre un derecho tan fundamental como el derecho al olvido recogido recientemente en la sentencia del Tribunal de Luxemburgo contra la multinacional Google.

            Por lo tanto, si ya es imprescindible el conocimiento del mundo internacional para el empresario, politólogo o jurista que pretende desarrollar su carrera en el ámbito nacional, más lo es para aquel que, como en mi caso, aspira a desempeñar su carrera profesional en el ámbito de la sociedad internacional y más concretamente en la defensa de los Derechos Humanos. Una sólida formación jurídica y un amplio conocimiento de los mercados nacionales e internacionales a través de la formación en la Doble titulación de Derecho y ADE se complementa, gracias a la oportunidad que me ha brindado la Universidad Rey Juan Carlos, con la inmersión durante el pasado curso en  otros sistemas sociales y educativos, en este caso anglosajón,  que me hado una visión más completa de la vida  y de las exigencias académicas y laborales en el Reino Unido, pieza fundamental, aunque a veces no lo parezca, de la construcción europea.

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Esta entrada fue publicada el septiembre 20, 2014 por en Conferencias y cursos.
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