Blog de Borja Fdez. Burgueño

Blog especializado en derecho administrativo, derechos humanos, asilo y protección internacional.

Erasmus: UQÀM, Université du Québec à Montréal

Con esta memoria gané el Premio al Mejor Estudiante de Intercambio Internacional 2012-2013 de la Universidad Rey Juan Carlos.

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Un Camino hacia una vocación: Principales Motivaciones

Hace tres años, en primero de carrera, tuve acceso a un informe de UNICEF en el que se ponía de manifiesto que 29.000[1] niños menores de cinco años morían cada día -21 por minuto- y que la mayoría de esas muertes se podían haber evitado fácilmente. Durante los diez minutos que había dedicado a leer el informe, habían fallecido unos 210 niños. Ese dato me dejó helado.
En Septiembre de 2011 di sentido a mi carrera y comprendí que con una buena formación podría, en un futuro, ofrecer una mejor ayuda. Entendí que el problema de la desigualdad social no nace de problemas locales, sino que tiene su raíz en la estructura socio-política mundial. Muchas injusticias y las violaciones de derechos humanos no son más que un mero reflejo de un sistema global de distribución de recursos ineficiente. Actualmente contamos con los medios suficientes para paliar muchas enfermedades mortales, reducir el cambio climático o evitar las muertes infantiles por desnutrición; lo que nos falta es voluntad y organización.A partir de dicho momento supe que tenía que hacer algo. No me podía quedar de brazos cruzados. No podía seguir viviendo en la burbuja que creía por realidad. Ese mismo día fui a Pueblos Unidos, una ONG que atiende a las personas más desfavorecidas y con riesgo de exclusión social del área de la Ventilla, y me inscribí como voluntario del área infantil, donde sigo colaborando activamente. En 2010 solicité formar parte de la ONG Por la Sonrisa de un Niño –Pour un Sourire d’Enfant- y, en el verano de 2011, me fui a Camboya durante mes y medio como voluntario de dicha asociación de ayuda humanitaria gracias al apoyo del vicerrectorado de Relaciones Internacionales, Institutos, Centros Universitarios, Política de Orientación, Empleo y Cooperación al Desarrollo de la Universidad Rey Juan Carlos, que donó gran cantidad de material escolar, entre otras muchas cosas. Estuve trabajando de monitor de cerca de noventa niños que, por diversas causas, se veían obligados a trabajar en el basurero de Phnom Penh. En Camboya me di cuenta de la realidad aterradora que se vive en muchos países en vías de desarrollo. Cuando regresé me planteé cómo podía ser de más ayuda y cómo podía hacer que mi “granito de arena” fuera lo más grande posible.

Sabía que el problema no se podía resolver, a menos no en su conjunto, desde una acción local sino a través del diálogo y de la cooperación entre culturas y naciones. Y ello requería una formación enfocada al ámbito internacional que facilitase el diálogo intercultural. Tal diálogo, desde un punto de vista práctico, se sustenta en tres pilares: el respeto, el conocimiento de diferentes culturas y la capacidad de comunicarse en un idioma comprensible para ambas partes. La necesidad y la voluntad de aprender tales competencias me llevaron a solicitar, a finales del 2011, realizar un intercambio universitario en el extranjero para el curso académico 2012-2013.

Entendí que mi vocación tenía que pasar por una sólida formación universitaria en el extranjero aprovechando las oportunidades que me ofrecía la Universidad Rey Juan Carlos a través de los programas Munde y Erasmus. Estas becas me brindaban la oportunidad de realizar un año de mis estudios en algunas de las universidades más prestigiosas del mundo gracias a los acuerdos bilaterales que durante los últimos años el departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Rey Juan Carlos ha ido creando con mucho esfuerzo y con magnífico resultado.

En Marzo de 2012 decidí cuál sería mi destino: Montreal.

Me decanté por la Université du Québec à Montréal (UQAM), entre otros muchos motivos, porque: es una de las universidades más importantes de Norte América; es la universidad francófona más grande del mundo y la más importante de Quebec; su escuela de gestión empresarial tiene un gran prestigio internacional (l’École de Sciences de la Gestion – ESG) debido a su alto un nivel de exigencia y a la formación excelente que ofrece; su estructura y oferta de cursos no es más que un reflejo del bilingüismo y la multiculturalidad de la ciudad de Montreal, ofreciendo cursos tanto en inglés como en francés; y su enclave estratégico en el Norte de América estaba sólo a unas horas de la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York, del Parlamento Canadiense en Ottawa o de universidades tan prestigiosas como Harvard, McGill, MIT o The University of Toronto.

La UQAM me ofrecía todo lo que buscaba. Finalmente, a finales de abril se materializó mi deseo al ser aceptado como alumno por la universidad canadiense. De esta forma, mi estancia en la UQAM se convirtió en un paso que me acercaba un poco más a mi vocación en la cooperación internacional al desarrollo.

Un viaje a través de Quebec: Enriquecimiento personal, cultural y lingüístico

Más allá de las barreras académicas, lingüísticas o culturales, este año ha supuesto un desafío para mí en el ámbito personal ya que era la primera vez que vivía solo durante una larga temporada. Esta experiencia me ha permitido tanto controlar y organizar mejor mi vida personal como madurar en cuestión de unos pocos meses. El hecho de tener que vivir con un presupuesto muy limitado, intentando ahorrar en todo momento, me ha permitido darme cuenta y ser consciente de los gastos de una economía familiar, obteniendo así una visión más cercana de la economía real un país.

Estuve viviendo con cuatro compañeras de piso, dos de ellas francesas, una alemana y la cuarta canadiense. Al cabo de unos meses se habían convertido casi en parte de mi familia. He compartido con ellas momentos inolvidables, emociones, historias y, sobre todo, un año de mi vida. Me siento enormemente afortunado de haber podido forjar una amistad tan fuerte con cada una de ellas que, a pesar de que hace ya cuatro meses que no vivo con ellas, no ha pasado ni un solo día desde entonces en el que no haya hablado por Skype o me haya escrito con alguna de las cuatro.

Así mismo, tuve la oportunidad de conocer a una inmensa cantidad de personas extraordinarias con las que compartí muchísimos momentos únicos que aún recuerdo con gran cariño y emoción. Afortunadamente, pude tener varios grupos de amigos bastante diferentes entre sí, con los que me ha sido posible disfrutar de una forma completa de mi experiencia en Montreal. De entre esos grupos de amigos me gustaría destacar el grupo de quebequenses, con el que aprendí a amar la provincia de Quebec y a entender su historia; el grupo de estudiantes internacionales, que me enseñaron a entender sus culturas y a sentirme parte de la comunidad internacional; el grupo de debate informal, con el que me reunía con la excusa de comer juntos en la cafetería de la universidad y acabábamos debatiendo abiertamente de cualquier tema, pasando por política, filosofía, religión o economía mundial; y mi grupo de amigos íntimos, principalmente de nacionalidad francesa, con los que he crecido enormemente como persona. Aún guardo contacto con la mayoría de ellos; con otros no he podido guardarlo como me hubiese gustado; y en cuanto al resto, debo admitir amargamente, posiblemente su recuerdo se desvanecerá con el tiempo. Pero lo que he aprendido con cada uno de ellos lo guardaré para siempre.

Durante el año académico que he estado en Canadá me he intentado integrar lo más posible en la sociedad canadiense y, en concreto, en la de Quebec. He descubierto con gran curiosidad y admiración la historia de Quebec, he leído a algunos de sus grandes autores, me he alegrado viendo ganar al equipo local de hockey y he sufrido con sus derrotas, me he emocionado escuchando grabaciones de René Lévesque hablando con orgullo de su nación o de Charle de Gaulle, en su viaje a Montreal, exclamando “vive le Québec libre!”, he enarbolado la bandera de Quebec como si me fuera propia, he aprendido mucho de su cultura y me he sentido parte de una sociedad que me ha acogido con los brazos abiertos y a la que estaré eternamente agradecido.

Culturalmente, Montreal ofrece una variedad de atracciones extraordinaria, siendo una de las ciudades más activas en el apoyo a las artes modernas. He podido asistir a muchos festivales públicos de música y de cine canadiense promovidos por la ciudad. Así mismo, durante el primer mes de universidad, me ofrecieron entradas para ir a los principales museos de Montreal -Le Musée des Beaux Arts, Le Musée d’Histoire, Le Musée d’art contemporain, La Biosphère y Le Biodôme-. Los visité en cuestión de pocos días. Más tarde tuve la oportunidad de visitar The Canadian Museum of Civilization y la National Galery, en Ottawa, y el Moma y el Museo de Ciencias Naturales, en Nueva York.

Montreal es una ciudad muy joven, tremendamente viva y activa. Debido a la multiculturalidad propia de la ciudad, diversos grupos sociales tienen que convivir y cooperar entre ellos. Grosso modo, podríamos hacer una primera división entre la sociedad francófona y la anglófona. Ambos grupos sociales tienen sus propios colegios, universidades y locales, su propia lengua e incluso su propia cultura. No obstante, dejando a un lado las diferencias y reivindicaciones de un grupo y otro, conviven pacíficamente en una ciudad bilingüe que no se podría entender con la ausencia de ninguno de los dos. Sin embargo, la ciudad no solo se divide en anglófonos y francófonos, sino que además existen otros grupos sociales con sus propias características y culturas. Entre estos grupos se encuentra la población china, que cuenta con su propia China Town dentro de la ciudad; la comunidad judía, principalmente localizada en el norte la ciudad; la musulmana, esparcida por la zona más céntrica y los alrededores; y la latina, entre otros muchos grupos sociales. El hecho de haber vivido en una sociedad tan multicultural me ha dado una lección de respeto y de convivencia intercultural formidable. He aprendido que el respeto es la base de toda buena relación y que partiendo de ahí es posible convivir de una forma natural y sencilla con personas de diferentes culturas a la nuestra.

El hecho de que Montreal fuera una ciudad bilingüe fue una de las cosas que más me atrajeron a la hora de solicitarla como destino. En un mundo globalizado, los idiomas se han convertido en un requisito fundamental para una tener una completa formación académica universitaria. Quería sacar el máximo provecho a mi estancia así que me impuse como máxima no juntarme con españoles. Esta decisión fue dura, sobre todo los primeros meses en los que ni mi nivel de francés ni de inglés eran suficientemente altos, pero tuvo magníficos resultados. He regresado con un nivel muy alto de inglés y un excelente nivel de francés. Como tanto mis compañeras de piso como mis amigos más cercanos eran de habla francesa, decidí cursar mis asignaturas en inglés. No obstante, solicité al departamento de Relaciones Internacionales de la Université du Québec à Montréal cursar una asignatura más al cuatrimestre de forma extracurricular para aprender francés. En ambas obtuve una puntuación de B+ y de A, respectivamente. En total cursé siete asignaturas en inglés y dos en francés, obteniendo así una formación completa en ambos idiomas.

La UQAM, una gran universidad: Enriquecimiento académico

Desde un punto de vista académico, mi estancia en Canadá ha sido del todo gratificante. El nivel del profesorado, tanto de la universidad -UQAM- como de la Escuela de Gestión Empresarial -ESG-, es excelente. Las instalaciones de la universidad favorecían el ambiente de estudio, contando con diversas salas de lectura y bibliotecas; de creación, con zonas de trabajo en equipo diáfanas que alentaban la innovación y la originalidad; y de entretenimiento y salud física, con diversas zonas donde relajarse y con un polideportivo a la altura de una gran universidad.

La formación universitaria que ofrece la UQAM está enfocada al ámbito académico y profesional, exigiendo al alumno no solo que conozca el temario, sino que, además, lo sepa utilizar de una forma práctica con ejemplos actuales y reales. En algunas asignaturas que cursé, entre ellas Marketing Internacional, Comportamiento Organizacional e Introducción a los Recursos Humanos, tuvimos que entrevistarnos con empresas locales y ofrecerles nuestros servicios, que más tarde serían evaluados por los profesores de cada asignatura. De esta forma, además de haber obtenido una formación académica completa, he podido conocer de primera mano el funcionamiento y el día a día de algunas empresas canadienses como Des-Jardines -en el sector bancario-, en la que participé en la creación de un informe sobre su forma de liderar y controlar un grupo de trabajo en el área de atención telefónica al cliente; Devinci Inc.-en el sector de fabricación de bicicletas-, en la que analizamos posibles países a donde podría exportar e hicimos un plan de negocio y marketing para los países elegidos; y Tripes and Caviar Inc. –sector gastronómico-, en la que estudiamos su estructura de recursos humanos.

En otras asignaturas realizamos extensos trabajos de investigación sobre asuntos de actualidad relacionados con la materia. En el curso de Responsabilidad Social Corporativa realicé, en un equipo compuesto por una canadiense, un italiano y una alumna de Guinea, un informe sobre la situación actual de la industria de las “tierras raras” -materias primas en el foco de muchos conflictos- y su repercusión en el medio ambiente y en la sociedad, que fue acompañado de un vídeo explicativo de siete minutos (https://borjaburgueno.wordpress.com/2013/04/15/the-sustainability-of-the-rare-earth-industry/). Por otro lado, en la asignatura de Desarrollo Empresarial Sostenible, tuvimos la oportunidad de hacer un trabajo de investigación de forma individual. Solicité al profesor realizar mi investigación sobre un tema que venía ya siguiendo desde hacía algunos meses: el proceso judicial del Tribunal Supremo de los Estados Unidos del asunto Kiobel contra Royal Dutch Shell Petroleum CO. Tenía gran interés en ese tema debido a que, durante el verano de 2012, tuve la oportunidad de asistir a un curso sobre Derechos Humanos (Erasmus Summer School Europe, Regions and Human Rights) en la Universidad Degli Studi di Cagliari, Italia, y en una de las ponencias se analizó el principio de jurisdicción internacional y su posible aplicación en cámaras de justicia nacionales para juzgar a entes jurídicos por violaciones de los Derechos Humanos cometidas en un segundo Estado. Durante la elaboración del trabajo mantuve contacto con el profesor Gianluca Atzori de la Universidad de Cagliari, quién, en varios mensajes, me dio algunas guías muy útiles que me ayudaron en mi investigación

(https://borjaburgueno.files.wordpress.com/2013/05/human-rights-v-shell.pdf).

Gracias a la formación tan completa que he recibido en Montreal del tejido empresarial tanto canadiense como estadounidense y de su proyección internacional, he entendido mejor cómo está estructurado el sistema económico norteamericano. En la actualidad no se puede obviar el poder económico de estas dos grandes potencias económicas a la hora de hacer negocios o debatir asuntos internacionales. Tener un conocimiento sólido de su proceder empresarial puede suponer una gran ventaja, especialmente desde nuestra óptica europea

Cabe destacar el interés que, a lo largo de este curso, han despertado los asuntos relacionados con la situación económica de España, que eran seguidos con expectación en las clases y servían de ejemplo para ilustrar comportamientos económicos complejos, que muchas veces daban pie a interesantes y controvertidos debates.

Durante mi estancia en Canadá asistí a varias conferencias y mesas redondas organizadas por la universidad en las que se analizaban diversos temas de actualidad, como la situación de Oriente Medio o las características de los movimientos independentistas de Cataluña en comparación con los de Quebec (conferencia organizada por la asociación de catalanes de Montreal). También acudí a algunos seminarios de libre entrada organizados por la Asociación de Estudiantes de la UQAM en los que se explicaba cómo preparar una entrevista o redactar un currículum.

Mi sueño, una vez que acabe la carrera, es trabajar para las Naciones Unidas. Entre los requisitos que piden para ser valorado como candidato se encuentran el poder hablar al menos dos de los idiomas oficiales y el haber terminado una carrera universitaria. A pesar de no cumplir aún el segundo requisito, intenté aprovechar al máximo mi estancia en Montreal para acercarme lo más posible a esta organización internacional. En noviembre de 2012, participé en un proceso de selección para formar parte de la delegación de la UQAM en la simulación de Naciones Unidas. En enero de 2013, conocí a varios miembros del equipo de debate de la Universidad de Georgetown, Washington D.C., mientras participaban en la simulación de una Comisión de Investigación de Naciones Unidas en la universidad de McGill, con los que tuve la ocasión de cenar y de entablar muy interesantes conversaciones. Finalmente, en Semana Santa, pude viajar a Nueva York para visitar, junto con un amigo de nacionalidad inglesa, la sede de la ONU. Observando la grandiosidad del edificio, soñé verme caminar con orgullo entre las astas de las 193 banderas nacionales izadas, entrar en el gigante de cristal de treinta y ocho plantas por la puerta principal y sentir, con satisfacción, que todo el esfuerzo realizado durante estos largos años de formación había merecido la pena.

Conociendo la UQAM: Grado de integración en la Universidad de destino

Para un pleno aprovechamiento académico y personal de mi estancia en Canadá, consideré que necesitaba ser partícipe de la vida universitaria de la UQAM. Descubrí, con gran asombro y alegría, que la universidad, que tan bien me había acogido en mi llegada, era, además, una de las instituciones académicas de Quebec con más actividades para los alumnos destinadas a enriquecer la vida universitaria. La universidad contaba con inmensidad abrumadora de asociaciones y actividades en las que me podía inscribir.

Entre las actividades universitarias en las que participé me gustaría hacer especial hincapié en las relacionadas con el Departamento de Relaciones Internacionales del Colegio de Gestión Empresarial de la UQAM. Este me ofreció la oportunidad de reunirme para comer en dos ocasiones (el 30 de octubre de 2012 y el 12 de enero de 2013) con los estudiantes canadienses que deseaban continuar sus estudios en España para hablarles, con orgullo, de mi país -a pesar de las dificultades por las que atraviesa- y de mi universidad. Así me convertí por unas horas en “embajador” ad hoc de la Universidad Rey Juan Carlos y, por ende, de España, robando así, por unas horas, el puesto a don Eudaldo Mirapeix y Martínez, representante de España ante el Gobierno canadiense.

El 29 de octubre de 2012 participé como voluntario, junto con otros estudiantes internacionales de la UQAM, en la organización de la fiesta benéfica «Influences africaines – Soirée pour la dignité des femmes maliennes» en la que se recaudó más de dos mil dólares, que fueron destinados a las mujeres malís víctimas de la ablación de clítoris.

Las actividades deportivas son parte de la vida universitaria de Quebec. Así que me convertí en un gran fan del equipo de baloncesto de la UQAM, “Les Citadins”. Siempre que podía les iba a ver, ya que no solo disfrutaba de su calidad deportiva, sino que, además, ofrecían un espectáculo a la altura de cualquier gran evento norteamericano. La música, las cheerleaders, los gritos del comentarista y una grada a rebosar acompañaban siempre un partido lleno de emoción. Así mismo, fui un leal seguidor de la liga de improvisación teatral interuniversitaria. La UQAM cuenta con uno de los mejores equipos universitarios de habla francesa de improvisación teatral, la LicUQAM. Acudir religiosamente todos los viernes a las ocho de la tarde al pequeño teatro de improvisación se convirtió en parte de mi rutina semanal.

El Colegio de Ciencias de la Gestión tenía también su propia asociación de estudiantes: AéESG. Esta asociación está enfocada hacia el ámbito del entretenimiento y la vida estudiantil no-académica, organizando numerosos eventos y fiestas a lo largo del año. Además, participé en el programa “Bonne Boïte – Bonne Bouffe”, promovido por la asociación AéESG, que consistía en un grupo de compra colectiva que, en colaboración con los agricultores locales de Quebec, adquirían al por mayor gran cantidad de frutas y verduras que más tarde venderían a los estudiantes de la UQAM a un buen precio, sorteando así el incremento del mismo por la acción de los intermediarios.

La UQAM cuenta con un servicio al estudiante, el Conseil à la Vie Étudiante, que ofrece salidas con la universidad, como el Parlamento de Canadá, la Galería de Arte Nacional, el Tribunal Supremo en Ottawa o el Parlamento de Quebec. Así mismo, organizaron una salida al Carnaval de Invierno de Quebec y a una Cabane à Sucre (lugar dónde se extrae y se procesa la savia de arce para crear el dulce más típico canadiense: el sirope de arce) cerca de Montreal, con las que conocí mejor las festividades locales y la cultura canadiense.

Uno de los momentos que recuerdo con mayor cariño de mi estancia en Canadá fue el día de Navidad. Por diversos motivos, no pude volver a casa por Navidad, así que tuve que quedarme en Canadá durante estas fechas tan especiales. Como dicen que las Navidades son para pasarlas en familia y la mía se encontraba a más de siete mil kilómetros, participé, aunque con gran escepticismo al principio, en el programa “Parrainage du Temps des Fêtes”, a través del cual familias de estudiantes, antiguos alumnos o profesores de la UQAM, ofrecían un hogar a aquellos estudiantes que se encontraban solos en estas fechas. Gracias a este servicio, al que estoy muy agradecido, dos familias canadienses me acogieron durante navidades y año nuevo. El 24 de diciembre fui a la casa de un matrimonio quebequense de antiguos alumnos de la UQAM que habían cambiado su profesión de ingenieros informáticos por una granja, que cuidaban con gran dedicación. Como vivían alejados de la cuidad, me invitaron a cenar y a pasar la noche del 24 al 25 con ellos rodeados de kilómetros de nieve. Unos días más tarde, tuve ocasión de conocer a otra familia que me acogió como si fuese uno más de sus hijos en la cena de año nuevo. Además, esta familia tuvo el detalle de invitarme a aprender a hacer esquí de fondo a finales de enero. Gracias a estas experiencias tuve la ocasión de conocer cómo son las familias canadienses, a las que guardo gran cariño y agradecimiento.

Una formación internacional: un requisito imprescindible.

La Internalización como un medio para conseguir una mejor integración en el mercado laboral nacional, Internacional y la sociedad Europea en su Conjunto

El Siglo XXI no es solo el siglo de internet y de la revolución tecnológica, sino que es el siglo de la sociedad internacional. Muchas de las fronteras del mundo ya no separan sino que unen a los países a través de acuerdos internacionales o transnacionales que fomentan la libertad de mercado y el tránsito sin restricciones de bienes y servicios, capitales y personas. Cada vez está más extendida la conciencia individual y colectiva de pertenencia a una sociedad más amplia que la de nacimiento y muchos jóvenes nos consideramos ciudadanos del mundo sin perder nuestras raíces nacionales.

Nuestro ejemplo más cercano lo tenemos en la Unión Europea a la que pertenecen ya veintiocho países y veintiuno de sus miembros tienen una moneda común. Elegimos a nuestros representantes al Parlamento Europeo de forma democrática y tanto esta Institución como los otros órganos fundamentales, el Consejo y la Comisión, promueven políticas y toman decisiones cuya jerarquía se sobrepone y obliga a la de cada uno de los países miembros.

La vida internacional globalizada y la cada vez mayor presencia de multinacionales dan a nuestras ciudades una fisonomía uniforme más allá de las diferencias culturales o lingüísticas. A ello contribuye también la omnipresencia de las organizaciones internacionales, multinacionales y ONGs cuya influencia, a veces no exenta de polémica, es imparable. Este proceso de internacionalización de nuestra vida cotidiana tiene un especial reflejo en de los medios de comunicación, que cada vez dedican más espacio y relevancia a noticias que ocurren a miles de kilómetros. Algunas de estas noticias han removido los cimientos de nuestra sociedad

La internacionalización de la sociedad en la que vivimos y sus consecuencias globalizadoras, con sus pros y contras, sus defensores y detractores, es una realidad que tiene especiales implicaciones en el mercado laboral. Un mero título universitario, por muy prestigioso que sea, ya no basta para acceder al mercado de trabajo cualificado. Hoy se exigen conocimientos y habilidades que pasan por el dominio de idiomas y la apertura a otras culturas y costumbres. El inglés se ha convertido en la lengua oficial de los negocios en todo el mundo; el español es hablado por más de quinientos millones de personas en Europa y América; el francés sigue siendo indispensable en números países del norte de África; y cada vez tienen más relevancia el alemán, el ruso y el chino como señas de identidad de un nuevo orden económico y cultural.

La Universidad es un fiel reflejo de esta realidad internacional. En España, al igual que en otros países, cada vez es más habitual compartir aula y formar grupos de trabajo con estudiantes de otras nacionalidades, que aportan culturas e idiomas diferentes. En numerosos programas Munde o Erasmus se exige el conocimiento de idiomas diferentes a los nacionales de los países en donde están ubicados los centros universitarios, lo que acentúa el sentido de pertenencia a la sociedad internacional, y sienta las bases de unas expectativas laborales que trascienden fronteras físicas y lingüísticas.

El conocimiento de idiomas y la cultura de otros países, favorecen la integración laboral más allá de nuestro círculo nacional, convirtiendo en oportunidad la movilidad laboral que ya no se ve como un grave problema insuperable. Un estudiante con una vida rica de experiencias internacionales puede optar a nuevas oportunidades laborales innovadoras. El cambio se asume como una experiencia profesional y personal positiva.

La realidad económica nos indica que las empresas exclusivamente nacionales están abocadas a su desaparición. La internacionalización condicionará en gran medida su supervivencia y futuro éxito. Los nuevos canales de comunicación, especialmente internet y las redes sociales, abren vías de negocio hasta ahora desconocidas, ya que permiten poner al alcance de la mano productos y servicios que pueden adquirirse on-line de forma rápida y sencilla. Una actitud abierta ante el mundo, la interacción con personas de diferentes culturas y el conocimiento de su lengua facilitan la expansión de los negocios y la integración laboral de sus emprendedores o colaboradores.

Un camino que continúa: Nuevas metas y nuevos desafíos

Mi experiencia en Canadá no se puede entender como un punto y aparte, sino como un paso importante de un proceso de formación internacional que comencé hace varios años.

Mi formación académica en internacional durante el año 2012-2013, a través de programas de la Universidad Rey Juan Carlos cuenta con el pilar esencial de mi estancia en Canadá, aunque además también con mi participación en otros programas internacionales de ámbito académico.

A mediados de mayo de 2012 me embarqué, junto con la organización de la Universidad Rey Juan Carlos “Wake Up!” y el profesor Bruno Aguilera Barchet, director del Instituto de Estudios Jurídicos Internacionales de la Universidad, en un viaje formativo a Bruselas y a La Haya, en el que conocimos de primera mano el funcionamiento de las instituciones europeas y visitamos la Oficina Europea de Patentes. Durante la segunda quincena del mes de julio de 2012 viajé con los alumnos de la doble titulación de Derecho Hispano-Francés a Francia, donde realicé un curso de Introducción al Derecho Público y Privado Francés en la Universidad de Paris-Est Créteil (Paris XII, UPEC), gracias al apoyo del Instituto de Estudios Jurídicos Internacionales y del Decanato de Ciencias Jurídicas e Internacionales. Más tarde, durante la segunda quincena del mes de julio participé, junto con otros nueve compañeros de la Universidad Rey Juan Carlos, en el programa financiado por la Unión Europea “Europe, Regions and Human Rights” en la Universidad Degli Studi di Cagliari en Italia en el que analizamos cómo se aplican los derechos humanos en los Tribunales Europeos de Justicia. Finalmente, en Agosto de 2012 viajé a Canadá para cursar tercero de empresariales en la UQAM gracias a la beca Munde de la Universidad Rey Juan Carlos, curso que he finalizado recientemente con excelentes resultados académicos.

En unos días comenzará para mí un nuevo reto con el que cerraré este año intenso de formación internacional. Durante el año académico 2013-2014 estaré estudiando Derecho en el School of Law of the University of Exeter, Inglaterra, gracias a una beca Erasmus. ¡Mi formación internacional no ha hecho más que empezar!

[1] Dato actualizado al 12/09/2013 http://www.unicef.org/mdg/childmortality.html

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Esta entrada fue publicada el marzo 21, 2014 por en Conferencias y cursos.
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